El artista cordobés volvió a tocar en Córdoba tras seis años de ausencia. Cómo fue su reencuentro con el público local y qué dejo el cierre de esta gira de regreso a los escenarios.

Desde su doble actuación en el extinto Orfeo Superdomo en septiembre de 2019, Paulo Londra no había vuelto a tocar oficialmente en Córdoba. En noviembre de 2022, celebró el lanzamiento de Back to the Game con una presentación espontánea en la Plaza de la Intendencia, pero esta hasta este sábado 29 de noviembre, el cordobés no había puesto un pie en otro escenario de su ciudad natal.
Ese hecho hacía especial su regreso a “la Docta”, esperado y comentado durante años, con especulaciones de todo tipo. Pero después de lo visto en el cierre del Paulo Londra 2025 Tour, lo cierto es que “el León” (como él mismo se autopercibe) está en su mejor versión como artista.
Las siete mil personas que agotaron las entradas para el show hace meses vivieron una noche soñada. El reencuentro cara a cara con este verdadero ídolo de niños, adolescentes y otros no tanto se dio con plenitud en todos los sentidos.
Londra repasó sus mayores éxitos y sus más recientes lanzamientos junto a una banda contundente y elástica, y además lo hizo mostrando un notable crecimiento como performer.
La tormenta que cayó poco después de que finalizara el show aportó algo más de épica a una jornada que marcó un parteaguas en la trayectoria del cordobés en su ciudad.
Todos querían estar
Cuando todavía faltaban dos horas y media para el show, tres cuadras de fila se extendían desde la puerta de Quality y cubrían el perímetro de más de la mitad de la manzana del multiespacio enfrentado a la facultad regional de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
La expectativa por ver a Londra se hizo palpable en la larga lista de asistentes listos para entrar varias horas antes de que se abrieran las puertas y en el amplio rango etario entre los asistentes: familias enteras, abuelos, padres, nietos, niños, adolescentes, parejas, grupos de amigos con y sin hijos, solteros y casados.
Quality Arena quedó chico para el fervor latente por Londra, que podría haber multiplicado al menos por tres la cantidad de funciones en el recinto tras agotar su presentación en cuestión de horas.
Pero algo en lo que coincidirán todos los presentes es que la versión que se vio del cordobés fue, sin exagerar, la mejor de toda su trayectoria. El rapero y cantante mostró de entrada una preparación mucho más afilada que la de sus últimos shows prepandémicos. Y aunque pasaron seis años desde aquel entonces, Londra ratificó que es un artista serio y dedicado, gustoso de demostrar que no ha vuelto en vano.
El show, que se extendió durante dos horas, se inició con puntualidad y con una referencia al Paulo pre-parate desde los parlantes: Homerun, sentido track que inicia su primer álbum, aún producido junto al sello Big Ligas.
El tema sirvió para que la banda se acomodara y diera inicio a un repertorio que abarca todas las épocas del principal referente de los Leones con Flow. Sin cadenas, del reciente Versus marcó el comienzo en medio de un delirio colectivo y gritos ensordecedores.
Londra apareció elevado en altura, por encima del quinteto (DJ, tecladista, guitarrista, bajista, y baterista) que lo acompaña la mayor parte del show. Desde una tarima, el cordobés (short y remeras negras con estampas) se erigió para que todos pudieran verlo: literalmente, un detalle pensado para la gran cantidad de chicos presentes, muchos de los cuales cantaron de principio a fin cada una de las letras.
El comienzo incluyó Por eso vine y Chango, y la primera incursión punk rock: Lado A. Luego, una fan fue elegida entre el público para subir a cantar la merengueada Recién soltera, “con coreo” compartida entre el cantante y su fanática.
“Esperé mucho para esto”, dijo antes de Glamping y Mi versión, otro track del EP lanzado este año con fuerte carga autorreferencial. Al final de esta canción, el cantante recibió su primer “olé, olé, olé, Paulo, Paulo” de la noche.
El tema presente en Versus también derivó en un cierre instrumental con buena carga de virtuosismo jazzero, último espasmo de la banda antes de dejar el escenario.
